Rainer Werner Fassbinder


el genio alemán

"Escrito sobre el viento" (1956)

Written on the wind (1956) es la historia de una familia inmensamente rica. Robert Stack interpreta al hijo que nunca ha conseguido igualar a su amigo, Rock Hudson. Robert Stack sabe gastar su dinero: conduce aeroplanos, conquista chicas, bebe; Rock Hudson es su compañero permanente. Pero no son felices. Sus vidas están desprovistas de amor. Entonces conocen a Lauren Bacall. Evidentemente, es diferente de todas las demás mujeres: se gana la vida, tiene sentido práctico, es tierna y comprensiva. Sin embargo, escoge al malo, Robert, mientras que el bueno, Rock, le convendría más. Rock también sabe trabajar para ganarse la vida, tiene sentido práctico, es generoso y comprensivo como ella. Y ella pone su mirada en aquel con quién las cosas no pueden durar mucho tiempo. En su primer encuentro con el padre de Robert Stack, Lauren Bacall le pide que dé a su hijo una nueva oportunidad. Es repugnante ver cómo la hermosa dama da un golpe bajo al chico bueno para favorecer al malo. Sí, verdaderamente, todo ha comenzado mal. Esperémoslo.

Dorothy Malone, la hermana, es la única que ama a quien debe, es decir, a Rock Hudson, y es fiel a este amor, lo cual es absolutamente ridículo. Sólo puede ser ridículo cuando todos los demás piensan que sus sucedáneos de acciones son la realidad: es muy evidente que lo que le ocurre a ella es que desconoce la realidad.

Lauren Bacall es un sustitutivo para Robert Stack, ya que no puede ignorar que nunca será capaz de amarla y viceversa. Y el padre tiene en la mano un pozo de petróleo que parece un sustitutivo del pene. Y cuando al final Dorothy Malone, única superviviente de la familia, tiene este pene, es tan lamentable como la televisión que le regalan a Jane Wyman en Navidad en Sólo el cielo lo sabe. Es tanto el sucedáneo del follar que sus hijos le reprochan como el imperio del petróleo es un sustitutivo de Rock Hudson.

Espero que esto no funcione y que se vuelva loca como Marianne Koch en Interludio de amor (1956). Me parece que para Douglas Sirk la locura es un signo de esperanza. En todo caso, en Escrito sobre el viento, Rock Hudson es el mayor cabezota de la creación. ¿Cómo no se da cuenta del deseo que Dorothy Malone siente por él? Se le ofrece, persigue a los hombres que vagamente se le parecen para que él lo comprenda. Y todo lo que a él se le ocurre decir es: "Jamás podré satisfacerte". Dios sabe que podría.

Mientras Dorothy baila en su habitación la danza de un cadáver -quizá en este momento comienza su locura- su padre muere. Muere porque es culpable. Entre sus verdaderos hijos siempre ha mantenido la opinión de que Rock Hudson vale más que ellos, hasta que acaba por ser verdad. Porque él nunca ha podido hacer lo que ha querido y siempre ha pensado que el padre de Rock -que no ha hecho dinero y puede irse a cazar cuando quiere- vale más que él. Sus hijos son unos pobres polluelos imbéciles. Sin duda comprende su falta y esto lo mata. En cualquier caso, el espectador lo comprende. Y su muerte no tiene nada de terrible.

Porque Robert no ama a Lauren, quiere un hijo de ella. O porque nunca ha tenido la ocasión de lograr nada y al menos quiere engendrar un hijo. Pero sus esfuerzos revelan una debilidad fatal. Robert vuelve a beber. Ahora queda claro que Lauren Bacall no le sirve de ayuda a su marido. En lugar de beber con él y comprender algo de sus sufrimientos, ella se vuelve más noble y pura que nunca, tanto que cada vez nos sentimos peor y vemos más claramente lo bien que estaría con Rock, que también nos hace sentirnos muy mal a la vez que muestra una gran nobleza. Las personas que están hechas para ser útiles, con sus cabezas llenas de sueños fabricados, siempre son acorraladas. Si Lauren Bacall hubiese vivido con Robert Stack en lugar de vivir a su lado, a través de él y para él, habría podido creer que el niño que está esperando verdaderamente es suyo. Habría evitado muchos sufrimientos. Pero, tal como está la situación, el niño pertenece más a Rock, aunque nunca se haya acostado con Lauren.

Dorothy comete una mala acción: pone a su hermano en contra de Lauren y Rock. Por esto no deja de gustarme, me gusta como me han gustado pocos personajes cinematográficos. Yo, espectador, sigo con Douglas Sirk las huellas de la desesperación humana. En Escrito sobre el viento, los buenos, los normales, los perfectos, siempre resultan profundamente indignantes; los malos, los débiles, los disolutos, suscitan la compasión. Incluso los que manipulan a los buenos.

Y una vez más, la mansión donde ocurre todo esto. Regida, por decirlo de alguna manera, por una inmensa escalera. Y los espejos. Y las flores imperecederas. Y el oro. Y el frío. La casa que uno se construiría si tuviese mucho dinero. Una casa con todos los accesorios que implica la auténtica riqueza y donde uno no puede sentirse a gusto. Como el Oktoberfest donde todo es color y movimiento y donde uno siente la misma soledad que los demás. Las emociones humanas se consideran la flor más extraña en la casa que Douglas Sirk construyó para los Hadley. La iluminación de Sirk siempre es lo menos natural posible. La presencia de sombras donde no deben hace plausibles ciertos sentimientos que se hubiese tendido a no encontrar verosímiles. También los encuadres de Escrito sobre el viento casi siempre son inclinados, generalmente tomados desde abajo, de modo que lo raro queda plasmado en la pantalla y no sólo en la mente del espectador. El cine de Douglas Sirk libera la mente.

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