Rainer Werner Fassbinder


el genio alemán

El amor siempre es más frío que la muerte (y 2)

El amor sinónimo de dependencia, de transacción, de desengaño, de dolor, de soledad, de desamparo, de autodestrucción. No hay armonía en las relaciones de pareja: el más débil es el que más ama y este hecho lo convierte en víctima de su opresor.

En los primeros minutos de En un año con trece lunas tiene lugar uno de los diálogos más desesperados del cine de Fassbinder: el transexual Elvira, después de ser golpeado por unos jóvenes tras un frustrado encuentro sexual a orillas del Main porque han descubierto que tras su disfraz de hombre se esconde realmente una mujer, llega a casa y se encuentra con Krzysztof, su pareja, que está dispuesto a abandonarla...

ELVIRA: ¡Ah, qué bien que nadie sepa que me llamo Rabito Escondido!

KRZYSZTOF: ¡Elvi! ¡Elvira!

ELVIRA: Yo no... no contaba con que tú precisamente hoy... precisamente hoy... Seis semanas... seis semanas, eso son cuarenta y dos días.

KRZYSZTOF: Sé sumar sólo, gracias, ¿no se te ocurre nada más?

ELVIRA: Ah, qué tonta soy. Seguro que te refieres a mi ropa, ¿verdad?... Seguro que te estás... sé que no puedes entender cómo... por qué yo...

KRZYSZTOF: Vuelves a estar borracha.

ELVIRA: ¿Borracha? No, tesoro. No estoy borracha. Al contrario, al contrario. Estoy sola, estoy sola y no sé qué hacer (llora).

KRZYSZTOF: ¡Vamos, cállate! Siempre haces lo mismo cuando te sientes culpable.

ELVIRA: ¿Yo, culpable? ¿Eso crees? No, mi querido amigo. No me siento culpable. Tú me has dejado caer. Llevo semanas aquí metida, cayéndoseme el techo encima, observando el teléfono hasta quedarme ciega, hasta que me ardía el cerebro. Esa, esa es mi culpa: que te echo de menos, que echo de menos que me acaricies y me beses.

KRZYSZTOF: ¿Que te acaricie? ¿Que te bese? ¡Tienes serrín en el cerebro! Solo de pensarlo me dan ganas de reír. Vamos, quítate esa camisa (de forma violenta).

ELVIRA: ¡Déjame, Krzysztof!

KRZYSZTOF: No tengo la menor intención, y ahora ven y mírate al espejo.

ELVIRA: No, por favor, Krzysztof, tengo miedo.

KRZYSZTOF: ¿Que tienes miedo? ¿Miedo de qué?

ELVIRA: No, tengo miedo de ti, hoy estás tan...

KRZYSZTOF: Tienes miedo de ver tu propia cara destrozada. Mírate al espejo ahora mismo, ¡venga!

ELVIRA: Por favor, Krzysztof, ¡tengo miedo!

KRZYSZTOF (ante el espejo): Abre los ojos. Te vas a mirar, Elvira, ¿entendido? O te miras o te rompo los dientes... Bien... ¿ves por qué no vengo más a casa? ¿Lo ves?

ELVIRA: Me muero por amarte.

KRZYSZTOF: Por eso bebes y te pones cada vez más gorda. Y por eso también se te ha puesto la cara grasosa e inmunda. Me das asco como si fueses una enfermedad contagiosa.

ELVIRA: De verdad, no quería herirte.

KRZYSZTOF: ¡Dios! Resultas realmente asquerosa, nauseabunda. Un trozo de carne sin sentido. ¿Sabes por qué es así? Porque no tienes voluntad, iniciativa, porque no sale nada de ti y no te interesas por nada.

ELVIRA: No es cierto. Siempre he estado buscando mi alma.

KRZYSZTOF: Alguien como tú no tiene alma. Eres un objeto. Eso es lo que eres: un objeto. Totalmente superficial. Nadie se daría cuenta si no existieses, ¡nadie! ¡Plaf: desapareció! Debería matarte a patadas, molerte a palos (la golpea).

ELVIRA: ¡Ah, Krzysztof! Me haces daño. Déjame, por favor (...) Estás en mi casa, Krzysztof, ¿entendido? y aquí hago lo que quiero.

KRZYSZTOF: ¡Claro: esta es tu casa!

ELVIRA: Sí, mi casa: ¡mía, mía, mía, mía!

KRZYSZTOF: De acuerdo, como tú quieras. Tenía que pasar tarde o temprano. Me alegro.

ELVIRA: Krzysztof, pero... ¿qué ocurre? Di algo, por favor.

KRZYSZTOF: Nada... me voy.

ELVIRA: ¿Te vas? Pero... pero si acabas de llegar...

KRZYSZTOF: Esta no es mi casa. No tiene sentido que me quede.

ELVIRA: Vamos... no iba en serio lo de la casa. Lo sabes muy bien. Tú sabes muy bien lo que pienso en realidad.

KRZYSZTOF: Este es el agradecimiento que recibo después de tantos años, después de haberme entregado a ti sabiendo que no eras una auténtica mujer.

ELVIRA: Dijiste que me querías y eso lo sabías desde el principio.

KRZYSZTOF: Nadie podía imaginar a lo que llegarías más tarde: que te descontrolarías como un tío... hasta conseguir tener el cerebro cada vez más y más vacío... hasta convertirte en una cosa fofa y anodina.

ELVIRA: No hables así, Krzysztof, así no... porque tengo mucho miedo.

KRZYSZTOF: Escucha, Elvira: tienes que dejar de una vez de engañarte a ti misma. Ya no hay nada más que estropear. ¡Nada! Ya hace tiempo que me siento realmente mal, que me dan ganas de vomitar cuando te toco. Me da tanto asco que prefiero pasar el fin de semana en la habitación vacía de un hotel que venir a casa contigo.

ELVIRA: Realmente no sientes lo que dices.

KRZYSZTOF: ¡Vamos, lárgate de aquí! ¡Déjame hacer la maleta en paz! ¡Déjame tranquilo de una vez!, ¿te enteras?... Por mí como si te...

ELVIRA: Krzysztof... solo una vez más, por favor.

KRZYSZTOF: (...) Tienes serrín en el cerebro. Te tapa los ojos y además está rancio y apesta. Huele a podrido y a muerte. Por eso necesitas beber a todas horas.

ELVIRA: Dime... ¿qué es lo que yo te he hecho para que me hagas tanto daño? ¿Qué? ¿Es porque... porque yo fui la que te ayudó a que fueses de nuevo alguien con dignidad?

KRZYSZTOF: A mí me da igual lo que pienses. Haz lo que quieras. A mí no me preocupa. Quédate con tu casa. Me largo, ¿entendido?

ELVIRA: Krzysztof, por favor. Haré lo que tú... haré lo que tú quieras, pero no te vayas Krzysztof, por favor. Espera... tenemos que hablar.

"En un año con trece lunas" (1978)

En Querelle, el marinero protagonista es un ángel de la soledad que brinda a los que están a su lado intensidad vital y muerte. En el presente diálogo, que tiene lugar en el burdel La Feria, los diferentes personajes exponen cada uno su propia visión acerca de sus relaciones y experiencias. Nos encontramos al marinero Querelle; su hermano Robert; Lysianne, la dueña del burdel; Nono, su marido, con el que los marineros juegan a los dados: si ganan se llevan a una puta, si pierden serán follados por él; Mario, un policía corrupto; y la voz del narrador de la historia....

MARIO: Lysianne ha esperado mucho tiempo el amor. Los hombres no conseguían excitarla. Solamente al cumplir los cuarenta años adquirió ese gusto por los hombres jóvenes y musculosos. Y cuando empezó a disfrutar de la felicidad, se volvió horriblemente celosa, pero se niega a admitirlo. Quiere a tu hermano. Robert es su hombre, el primero creo yo, pero cuando hacen el amor lo hacen como los invertidos y Lysianne desprecia a esa gente.

LYSIANNE (a Robert, mientras baila con él): Vosotros os amáis, os amáis con vuestra belleza. Sería inútil separaros, porque siempre volveríais a encontraros. Amas a tu hermano más que a mí, y contra eso no puedo hacer nada. Esas son las desgracias que suelen ocurrirle a una mujer de mi edad. Siempre fui indiferente al amor que los hombres me demostraban, pero mi castidad espiritual ha fertilizado un campo en mi interior... un campo que puede ser sembrado fácilmente con las semillas de lo milagroso.

NARRADOR: Después de haberla visto el primer día, Querelle ya no volvió a pensar en mirar más a Lysianne, pero poco a poco, con su acostumbrada autoridad, ella se fue imponiendo y tomando posesión de él.

ROBERT: Ni mi hermano ni yo estamos lo suficientemente enamorados del amor como para buscar nuevas experiencias, ni tampoco necesitamos satisfacer ninguna necesidad fisiológica. Nono ve en este juego, como Querelle, una manifestación algo jactanciosa, de una lujuria que cree haber descubierto en Querelle. Y en todo ello no hay más que lo que habría en una orgía de un monasterio: un poco de diversión a la que Nono se entrega a causa de su gran potencia física.

NONO: Sé que no arriesgo nada, porque ninguna emoción enturbia la pureza de mi juego. No hay pasión. Es un juego sin consecuencias: dos hombres que gozan del placer porque sencillamente uno de ellos, sin complicaciones, le ofrece el culo al otro.

NARRADOR: Nono aceptaba tirarse a Querelle un poco por amabilidad. Tenía la impresión no de que el marinero estuviera enamorado de él, pero sí de que le necesitaba para seguir viviendo. Gracias a la fuerza de Querelle, Nono no le despreciaba.

QUERELLE (a Nono): ¿Te gusta joder conmigo, verdad?

NONO: ¿Por qué no? No está mal. Si te dijera que te quiero mentiría. Nunca he entendido cómo nadie puede enamorarse de un hombre.

QUERELLE: Jamás me enamoraría de un hombre. Si me dejo es porque me gusta.

NONO: ¿Has tratado alguna vez de joderte a un tío?

QUERELLE: Nunca, no me interesa lo más mínimo.

NONO: Sin embargo, no te importa poner el culo.

QUERELLE: Naturalmente, ya te he dicho que lo hago por puro placer. (piensa en voz alta) Nono no me quiere, pero cada vez me doy más cuenta de que algo está pasando, que un sentimiento me une a él. Nunca admitiré que Nono me domina sólo porque folla conmigo, pero resulta imposible jugar al mismo juego continuamente sin caer una día en él.

Posteriormente, Querelle -que ha matado a un compañero- acaba enamorándose de Gil Turko, un obrero de la construcción que también ha asesinado a otro compañero porque lo hirió en su honor de hombre. Buscado por la policía, el marinero le ofrece ayuda para que huya a Burdeos. Se encuentran entonces en la prisión abandonada donde se refugia Gil y, llevado por sus sentimientos, Querelle decide abandonar su habitual pasividad. El siguiente diálogo expone con total desinhibición cómo tiene lugar ese proceso...

QUERELLE: Te he comprado un billete para Burdeos.

GIL TURKO: ¿Para cuándo?

QUERELLE: Para hoy, a las cuatro y veinte.

GIL TURKO: ¿Tiene que ser hoy?

QUERELLE: Cada minuto que te quedes en Brest será más peligroso. Ahora ya tienes dinero. Podrás ponerte a salvo. 50000 te durarán bastante.

GIL TURKO: He tenido suerte de que me hayas ayudado, ¿sabes?

QUERELLE: Olvídalo. Debes tener cuidado de que no te cojan. ¿Puedo confiar en que no hablarás si te trincan? (inquieto, caminando de un lado a otro).

GIL TURKO: Sí, desde luego. La poli no me sacará una palabra. Descuida: yo no te conozco... Bueno, será mejor que me vaya.

QUERELLE: Sí... será lo mejor. Siento todo esto, amigo. Lo siento... Me gustas.

GIL TURKO: Tú a mí también, pero volveremos a vernos. Nunca te olvidaré.

QUERELLE: Eso lo dices ahora, pero la vida pasa deprisa y pronto me habrás olvidado.

GIL TURKO: Imposible, amigo, imposible. Yo no soy de esos.

QUERELLE: ¿De verdad? ¿No me olvidarás?

GIL TURKO: Si te digo que no, será que no.

QUERELLE: Tiene gracia. Hemos intimado mucho.

GIL TURKO: Nos hicimos amigos desde el principio.

QUERELLE: Espero que no te ocurra nada (se besan).

NARRADOR: La amistad de Querelle hacia Gil bordeaba el amor. Como él, Gil había matado. Era otro Querelle hacia el cual el verdadero abrigaba un extraño sentimiento de respeto y curiosidad. Quería hacerle el amor para fortalecer así la ternura que sentía. No se le ocurría otra manera de demostrar sus sentimientos. Pensaba que así estaría más unido a Gil y más tranquilo consigo mismo, pero no sabía cómo empezar. Siempre se la habían metido y él no sabía cómo hacerlo.

QUERELLE: Eres bueno conmigo.

GIL TURKO: ¿Por qué?

QUERELLE: Porque consientes que te bese sin oponer resistencia.

GIL TURKO: ¿Por qué iba a hacerlo? Ya te he dicho que eres mi amigo.

QUERELLE: ¿No te molesta, verdad?

GIL TURKO: No (vuelven a besarse).

QUERELLE: Gil... tienes que ser para mí un amigo muy especial... para siempre, ¿entiendes?

GIL TURKO: Sí.

QUERELLE: ¿Lo serás?

GIL TURKO: (se abrazan y Querelle comienza a caminar de un lado a otro).

NARRADOR: De un modo oscuro, Querelle comprendía que el amor es voluntario: uno tiene que desearlo. Aunque no se ame a un hombre, el poner el culo puede proporcionar placer... pero para darle tú a él tienes que quererle... al menos mientras se lo estás haciendo. Por eso, para demostrar su amor a Gil, tendría que renunciar a su pasividad... y Querelle lo intentó.

QUERELLE (abraza a Gil): Te quiero. ¡Qué lástima que no podamos estar siempre juntos!

GIL TURKO: Volveremos a encontrarnos.

QUERELLE: Estar juntos como ahora... eso es lo que me gustaría.

NARRADOR: La visión de la soledad en que había crecido su amor aumentaba el que sentía hacia Gil, a quien consideraba su único amigo y su única familia.

QUERELLE: Hasta ahora nunca había amado a un hombre: eres el primero.

GIL TURKO: ¿De verdad?

QUERELLE: De verdad.

"Querelle" (1982)

En Querelle tienen lugar también una serie de monólogos bellísimos que el Teniente Seblom suele grabar y que constituyen una especie de diario íntimo donde oculta su pasión por Querelle...

SEBLOM: Si fuera amado por Querelle, sería amado por todos los marineros de Francia porque Querelle es el conjunto de todas sus virtudes ingenuas y masculinas. Si deseo esa autoridad, eso tan admirable que evoca amor y temor, debo despertar el amor a esa autoridad en el corazón de mis marineros. Deberían amarme: quiero ser su padre y herirlos. Los marcaré y ellos me odiarán. Permaneceré insensible ante su dolor. Cada vez más, la sensación de un poder perfecto llenará todo mi ser. Una vez vencida la compasión seré fuerte... y triste cuando vean mi patético disfraz. Sé que nunca abandonaré a Querelle: le dedicaré toda mi vida. Cuando sufro, no puedo creer en Dios, cuando siento dolor solo puedo contar conmigo mismo. Es la desgracia que tengo que agradecer a alguien. Podemos dar gracias a Jesús porque glorificamos la humildad, pues él la convirtió en señal de divinidad... la deidad en nuestro más recóndito interior. ¿Por qué tenemos que renunciar a la violencia del mundo? Si esta deidad ha de enfrentarse con la violencia, ha de ser fuerte si es que quiere alcanzar la victoria... y la humildad sólo puede nacer de la humillación... de otro modo, no es más que una falsa vanidad.

Humillación, sacrificio y muerte caracterizan la prohibida obra teatral de Fassbinder, La basura, la ciudad y la muerte. Uno de los personajes, Franz B, es un sadomasoquista que en sus encuentros sexuales disfruta del dolor y suplica la humillación y la muerte...

FRANZ B: ¡Os quiero a todos! Introducid vuestros puños en mi culo, rasgadme, dejadme escuchar el canto de los ángeles.

JIM: ¡Y ahora al water con el bastardo!

FRANZ B: Hacedlo bien. ¡Matadme!

ACHFELD: ¡Llora sobre sus pelotas!

FRANZ B: Quemadme, hincad vuestras uñas alrededor de mis pezones. ¡Quiero sangrar!

MÜLLER II: Tú nunca volverás a ser lo que fuiste una vez.

FRANZ B: Yo soy otro. ¡Vuestros puños, amigos! Tocadme suavemente. Eso está bien. Vuestros puños en mi culo y dejadme morir.

HELFRITZ: Tened cuidado, él no debe morir.

FRANZ B: ¡Gracias! Gracias a todos. Degradadme cada vez más. Dejadme sentir la humillación.

Roma B, la prostituta protagonista es una bella, distante y lacónica mujer especializada en escuchar los problemas y obsesiones de sus pocos clientes. Abandonada y cansada de su solitaria y triste vida, desea morir...

ROMA B: Dios, Yo no quiero vivir más esta vida. Quiero regalarlo todo, sacrificarme en honor a la ciudad, que necesita sacrificios para ser consciente de sí misma y especialmente para salvarme... para salvarme a mí misma de la muerte en vida, que me hace sentir lo mismo que aquellos que han olvidado en qué consiste su vida.

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