Rainer Werner Fassbinder


el genio alemán

Entrevista a Harry Baer (2)

DIETER: Rainer te introdujo en ese grupo en 1969, año en que se rodaron cuatro películas (El amor es más frío que la muerte; Katzelmacher; Los dioses de la peste y ¿Por qué le da el ataque de locura al señor R.?) y en el que empezaba ya a evidenciar el ritmo frenético que adoptará su vida porque se ocupaba de uno, dos, tres y hasta cuatro proyectos a la vez, así que en el fondo no tenía tiempo ni para respirar. Te introdujo en todos los ámbitos posibles que para un muchacho de veintiún años suelen estar relativamente cerrados.

BAER: Y por añadidura hicimos también algunas obras de teatro. El café de Goldoni, por ejemplo, donde también interpreto un papel importante. Me di cuenta por primera vez en esa obra de que... bueno, vi por primera vez fotos mías, y debo admitir que me gustaron mucho.

DIETER: De modo que te gustaste mucho, es decir, te gustó tu atractivo, tu poder de seducción. Y te divirtió encontrarte en aquel ambiente, tener ocasión de aparecer en público...

BAER: Sí, eso de la vanidad me gusta, de puertas hacia fuera, claro.

DIETER: Pero no en el fondo.

BAER: En absoluto.

DIETER: De modo que en realidad, sin saberlo, te parecías mucho a Rainer.

BAER: Quizá.

DIETER: Así, pues, dos introvertidos que a fin de cuentas no pueden prescindir del exterior. En otras palabras, erais en el fondo dos cachorros perdidos, uno con una mayor tristeza en el corazón y tú con una capacidad menor para estar triste. ¿Es así? ¿Qué representa, en tu opinión, la película ¿Por qué le da el ataque de locura al señor R.? (película sin un guión definido que relataba la vida cotidiana de un hombre de clase media que, sumergido en su normalidad, asesina a su esposa, hijo y vecina)?

BAER: El deseo de hacer una película fuera de los patrones establecidos, de improvisar, de experimentar sencillamente.

DIETER: ¿No se la dedicó a nadie? ¿No volvía a estar Rainer enamorado de un actor o del cámara o del...?

BAER: No se trata siempre necesariamente del amor, sino también de una especie de fidelidad que sentía hacia las personas. En esta película el protagonista era Kurt Raab, y la película es para él, no cabe duda...y, como es natural, ante todo suya, de Rainer, pero además se trata de una posibilidad de dar trabajo al equipo, de hacer algo para evitar que sus miembros se le escapen.

DIETER: Así pues, en el fondo, un grupo de profesionales del cine que son al mismo tiempo una gran familia en cuyo seno pueden desarrollarse todas las relaciones normales entre los seres humanos, que no deben reducirse sólo a experiencias amorosas o aventuras. ¿No es asombroso que Rainer atrajera a tantos colaboradores, a quienes en definitiva no sólo inspiró, sino también inculcó el escepticismo sobre la posibilidad de una relación amorosa? Porque si la película del señor R. fue una equivalencia, una deuda de amistad para con Kurt que Rainer quería pagar, significa que creía haber encontrado un aliado en la creencia de que el amor puede ser solo un juego temporal, algo de poca duración. El amor como una obra teatral que, si el éxito lo justifica, puede prolongarse unas semanas o unos meses, pero no durante años. ¿No es esto muy enfermizo si se tiene en cuenta que en aquélla época erais hombres jóvenes de edades comprendidas entre los veintitrés y los veintiséis años? ¿No se trata de una actitud tremendamente destructiva y desmoralizadora?

BAER: Creo que es un poco de anticipo del amor libre que ahora impera por doquier. Además, no es algo exclusivo de los hombres, sino general, una práctica de todas las reglas dentro de una sociedad.

DIETER: ¿Hablasteis alguna vez sobre la posibilidad de poner orden en el corazón, orden en el alma, orden en la sexualidad y orden en el espíritu, o de si se trata de una ilusión utópica tras la cual todos nos afanamos y a la que no podemos renunciar?

BAER: No puedo penetrar hasta el corazón de Rainer: nunca pude ver claro, quiero decir, ahondar en él. Pero no creo que hubiera orden, no de la clase que has formulado. En realidad, nuestra vida era todo lo contrario...

DIETER: ¿De un modo consciente o por necesidad?

BAER: No. Por necesidad, no; sólo para probarlo en serio, probarlo y poner en duda ciertas cosas.

DIETER: Pero esto es una gran contradicción, y no sólo por parte de Fassbinder, sino al parecer de todo el equipo que en 1969 realizó estas cuatro películas. Todos erais jóvenes que por un lado vivíais en un desorden total, es decir, realizando a través de la liberación en la sexualidad este deseo de ser libres en todas las relaciones, de no tener ningún vínculo, y por el otro lado sentíais una tristeza evidente, como si trabajarais en una actividad subversiva o en un bar de carretera y de repente os encontrarais desarraigados, intrusos en todas partes. Con nostalgia en el corazón por los valores morales burgueses de fidelidad, lealtad y todo lo demás, y viviendo en la práctica exactamente lo contrario. Se trata de una contradicción flagrante.

BAER: Sí, hay que reconocerlo. Y no dura un mes, sino tal vez un año o dos, hasta que comprendemos que esto que empezó como una idea colectiva puede no funcionar muy bien. Pero se prolonga. Sin embargo, ahora vemos que lo que hace el otro es una mierda y lo que hace uno mismo también es una mierda, o nos indican lo improcedente de algunas cosas. Puedo recordar frases molestas pronunciadas por él, aunque solo dentro del marco de las posibilidades de que disponía entonces. Por ejemplo, durante el rodaje, cuando alguien trabajaba ante la cámara, alguien a quien podía querer mucho, le hacía repetir diez veces una escena sin que el actor comprendiera el motivo, pero sabiendo que lo que hacía no podía mejorarse, solo empeorarse o tal vez hacerse bien otra vez en la toma cincuenta. Pero la experiencia que se vivía entre la tercera y la décima toma y los comentarios de Rainer eran como pinchazos.

DIETER: ¿Se trataba de comentarios maliciosos, personales, dirigidos contra la persona y no contra el personaje que aquélla interpretaba?

BAER: Contra la persona, naturalmente.

DIETER: ¿Cuáles eran los insultos, que tú llamas frases molestas, que más utilizaba? ¿Había alguna en particular? La gente suele repetirse...

BAER: Sí, había una variada gama que iba desde: "No tienes talento... No pongas esta cara, hasta sabría hacerlo mi hermanito con el dedo meñique, y tú te mueves como un idiota..." hasta "Anda bien, como anda una persona normal", o "Si tienes que actuar con tan poca gracia, no habrá más primeros planos. Se acabó". Estas son las primeras frases que se me ocurren, y las repetía una y otra vez, y siempre delante de las mismas personas, que naturalmente podían reírse y se reían, porque en aquel momento no eran ellas el blanco de las críticas. Quizá lo tolerábamos porque sabíamos que en la próxima ocasión le tocaría el turno a otro.

DIETER: ¿Dirías, mirando ahora hacia atrás, que Rainer, con su innegable talento para el análisis, para llevar en secreto su tristeza, era en 1969 mucho más sabio que vosotros, mucho más adulto, sin que tal vez fuera consciente de ello?

BAER: Iba, sin duda, muy por delante de nosotros y sabía jugar con la gente o hacerles jugar entre sí. Como motor de todo este movimiento, tenía en especial la facultad de analizar con gran facilidad y en secreto y, naturalmente, de retirarse cada vez más a un rincón donde se quedaba solo con su tristeza.

DIETER: Solo en los años 1969 y 1970, Fassbinder realizó once producciones para cine o televisión. Este dato basta por sí solo para confirmar su trepidante actividad, si se tiene en cuenta que no solamente se trataba de escribir el guión, dirigir el rodaje, elegir a los actores y contratarlos y encontrar el dinero para producir semejantes películas, sino también de escoger el tema, decisión que implicaba para Rainer una experiencia absorbente. Antes de comentar la cronología de las películas, es mucho más importante preguntar, incluso para los lectores, cómo sintió su sexualidad: ¿Se puede afirmar que consideraba su sexualidad y sus deseos sexuales como algo vil, algo ruin y humillante para una persona?

BAER: Sí, así era, con absoluta seguridad.

DIETER: ¿Por qué lo crees?

BAER: Porque lo sé, y además por una razón muy sencilla. Desde el principio, dio la impresión de que se acostaba con las películas, a modo de sustituto.

DIETER: Ya. Pero quizá sería mejor decir que se acostaba con los participantes de sus películas, a modo de sustituto, y sin felicidad, sin placer.

BAER: En la medida en que podía sentir placer, seguramente lo sentía.

DIETER: Como algo vulgar, como algo ruin, que puede divertir pero no encajar en su imagen del ser humano ideal.

BAER: Bueno, sí. Algunos son felices, otros lo son menos, pero más adelante comentó en una ocasión que en el ámbito en que él trabajaba, su sexualidad no le causaba tantas dificultades como a un obrero de la construcción que ha de ocultar a sus compañeros su condición de homosexual y el fin de semana intenta divertirse o desahogarse y el lunes tiene que volver con nuevas mentiras para ser aceptado por sus colegas. En cambio, trabajar con intelectuales es una ventaja, porque facilita la exhibición o la satisfacción de la propia sexualidad.

DIETER: Esto significa, por tanto, que no tenía que renunciar a sus instintos porque en los ambientes culturales las personas admiten las relaciones sexuales abiertas y libres. No obstante, me gustaría ahondar un poco más en este tema. ¿Sería posible que, en ciertas circunstancias, el exceso de oferta sexual que tenía a su alcance debido a su posición, a su profesión de cineasta, a través de la cual atraía automáticamente a las personas deseosas de abrirse camino e iniciar una carrera, sería posible, digo, que esta abundancia de posibilidades sexuales le hubiera producido aún más inseguridad y causado una mayor soledad en vez de una mayor satisfacción, porque nadie sabe si podía vivir a fondo la vida y dar rienda suelta a su personalidad, o si por el contrario, le sucedía algo parecido a lo que creen los ricos, que no les aman por ellos mismos, sino siempre únicamente por su dinero?

BAER: Esto no lo sé. No soy el psicoanalista de Rainer Werner Fassbinder.

DIETER: Ambos sabemos que la sexualidad de Rainer fue evolucionando hacia actitudes cada vez más violentas, hacia la tiranía y la violencia, hacia todo lo que puede causar dolor. Ahora no se trata de hacer observaciones morales ni comentarios sobre la indecente sexualidad de Rainer Werner Fassbinder, sino de preguntar: ¿Por qué esta pronunciada evolución hacia la violencia en la sexualidad? ¿Por qué la destrucción, el placer de la destrucción a través de la sexualidad?

BAER: Como un acto de masturbación, en la seguridad de que no puede alcanzarse la forma deseada de una relación entre dos.

DIETER: Lo cual significa la sexualidad con efecto de castigo.

BAER: Más o menos.

DIETER: ¿Te habló alguna vez, te confió de alguna manera que este rápido progreso de la sexualidad hacia la violencia y también la destrucción, hacia la amenaza en sus relaciones con la pareja, le infundía miedo? Dicho de un modo más sencillo... ¿Quién le había...?

BAER: Miedo no le daba en absoluto, por la sencilla razón de que, dada su posición como director, podía tener la certeza de que siempre sería el más fuerte en dicha relación.

DIETER: Es decir, siempre era el vencedor.

BAER: Sí, siempre lo era.

DIETER: Porque en su condición de cineasta, siempre tenía candidatos a su alcance.

BAER: No sólo conocía a la clásica pareja fácil masculina o femenina del ambiente cinematográfico... La cuestión no tenía que ver sólo con su posición, sino también con su fuerza como persona, como persona independiente siempre, naturalmente, con el telón de fondo de sus numerosas películas, pero aun así como una persona de una fuerza de voluntad tan acusada, que podía ser sin duda el más fuerte en cualquier relación.

DIETER: ¿Te imponía esta prerrogativa que tenía como artista?

BAER: Me imponía, claro que sí.

DIETER: ¿Puede ser que tú te sintieras muy feliz y fueras más dueño de ti mismo viendo cómo él hacía o probaba cosas que en principio te habían sido encargadas y decidiendo después, una vez vistos los resultados, que no entrañaba ningún riesgo para ti, para el desarrollo de tu personalidad?

BAER: No cabe duda de que me parecía muy bien que él llevara la delantera y me eximiera de ciertas decisiones, aunque siempre dejándome elegir entre aquéllas que más me gustaban.

DIETER: Lo cual quiere decir que en el fondo Rainer era, no sólo en el terreno profesional, sino también en partes muy esenciales de tu realización como persona, algo parecido a un hermano mayor, a unas espaldas más anchas que al mismo tiempo te protegía de ti mismo, por así decirlo, porque gracias a su excesiva experiencia de la vida podía darte por lo menos orientaciones sobre lo que debías evitar.

BAER: Lo has expresado con mucha delicadeza. Ignoro si quería que evitara ciertas cosas. No lo sé.

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