Crónica de una señora (Raúl de la Torre, 1971)

La guionista y directora argentina María Luisa Bemberg perteneció a una de las familias más poderosas de su país. Marcada por una educación basada en modelos patriarcales y machistas, su carrera cinematográfica siempre giró en torno a la reivindicación de un universo femenino genuino, emancipado, libre de tics y arquetipos. “La margarita es una flor”, una obra de teatro propia con ramalazos autobiográficos, sirvió para que en 1971 el cineasta Raúl de la Torre -lamentablemente olvidado- dirigiera su segunda película, “Crónica de una señora”, de la que Bemberg fue también coguionista. A pesar de algunos desacuerdos entre ambos en relación al tratamiento de algunas situaciones, de la Torre neutralizó el aliento teatral del relato y consiguió eludir en todo momento el peligroso terreno del alegato y la militancia obvia y maniquea para sumar un nuevo logro a esa apasionante galería de retratos femeninos rodados por hombres durante la década de los setenta.

El inesperado suicidio de una amiga provoca una crisis personal en Fina, perteneciente a la alta burguesía. Al igual que ella, la mujer tenía todas las papeletas para ser feliz y no optar por tan dramático final: era joven, bella y rica; tenía un marido serio y trabajador que la amaba y al que se consagraba acompañándole a cócteles, fiestas, partidos de polo y demás eventos propios de su clase; y unos hijos preciosos a los que cuidaba en una lujosa casa con personal a su servicio. Y es precisamente este paralelismo con su vida el que empuja a Fina a plantearse la siniestra futilidad del microcosmos social del que forma parte y el lugar que ella ocupa en el mismo: un simple ornamento atrapado en el círculo marido-hijos-hogar que destina su tiempo a rutinarias comidas familiares, sesiones de peluquería y estética o tareas cotidianas tan improductivas como probarse modelos caros día sí y día también o participar telefónicamente o de forma presencial en chismes y conversaciones superficiales e intrascendentes con sus amigas.

El proceso de descubrimiento, de autoconocimiento, de aceptación, de valoración de su propia identidad, de alejamiento y negación de la condición femenina perfectamente diseñada por su élite lleva a la señora a rebelarse y reafirmarse… pero conforme más avanza en su singladura -aunque llena de inseguridades, equivocaciones, decepciones y sin tener clara una dirección-, mayor es su soledad y más opresivo y claustrofóbico se vuelve el ambiente que la rodea: vive una aventura amorosa con un dandy que la acaba utilizando como un objeto sexual más dentro de su larga lista; se enfrenta a su marido cuando le propone que quiere trabajar y ganar dinero, sufriendo su mofa y menosprecio a cuenta de su escasa formación; y combate el acoso y las reprimendas de su madre, que le exige comportarse constantemente de acuerdo a lo que dentro de su mundo se espera de una señora como ella. El único horizonte que vislumbra es la huida, la ruptura radical con una existencia baladí para evitar un final como el de la suicida.

Raúl de la Torre imprime un ritmo lento a su película, y hace contrastar -con sutil ironía unas veces y con voluntad de subrayarla otras- la intensidad de los diálogos en ciertos momentos dramáticos con una cámara que enfoca o se desliza por motivos pictóricos, alimentos y objetos materiales diversos (copas en una comida, elementos decorativos, vestimentas…). Del mismo modo, hurta los diálogos en momentos que no le interesan sustituyéndolos por música (la primera escapada de la protagonista con el dandy y las vivencias de su posterior aventura), administra de forma efectiva los silencios y recurre a efectos sonoros en aquellos instantes cruciales en que la crisis de Fina golpea su interior  o se agrava.

La labor interpretativa de la mítica Graciela Borges, dotada de una belleza, una voz algo rota y un magnetismo únicos, pareja en ese entonces del poco prolífico director y musa de casi todas sus obras hasta 1993 (aunque donde más brillaron ambos sea en las extraordinarias “Heroína” y “Sola”, dirigidas en 1972 y 1976 respectivamente), supone un punto y aparte: se apropió de esa mujer enjaulada, puso en juego la riqueza de los matices expresivos de su rostro y la fuerza de su mirada para transmitir su conmoción interna, y desplegó su artillería dramática en las secuencias en que se enfrenta a su marido y a su madre… aunque quizás lo que convierta aquí su presencia en un regalo realmente inolvidable son los momentos en que está a solas con su personaje, ya sea en su casa o paseando por las calles deteniéndose ante los escaparates de las tiendas como si lo hiciera ante su propio vacío (idéntica función cumplen los espejos en los que se mira o se refleja, unos espejos que de la Torre utiliza de forma admirable).

Esta hermosa crónica de una señora, del despertar de una mujer, de su toma de conciencia y reivindicación frente a ella y frente al mundo, concluye de forma abierta con un espléndido epílogo rodado prácticamente en su integridad utilizando un plano general que dota a la puesta en escena de una extraña belleza y teatralidad casi distantes, donde se plantea una situación que coloca a Fina una vez más entre las cuerdas, entre la espada y la pared, obligándola de forma abrupta, casi violenta, a un nuevo replanteamiento cuando creía que su resurgir, su independencia, su libertad, su felicidad, el reencuentro consigo misma habían tenido lugar, poniéndole de manifiesto que su camino no ha hecho más que comenzar, que el suyo es como el de un tren de largo recorrido y que confiarse, detenerse o apearse en cualquier estación -llámese infidelidad, amor, familia, trabajo, ruptura- puede suponer un paso en falso que puede debilitarla, confundirla o devolverla a un mundo femenino domesticado, modelado por otros, humillado, sometido, desposeído de toda dignidad… lo que, sin duda, significaría su propia muerte, aquella de la que un día optó por salir.

Un comentario en “Crónica de una señora (Raúl de la Torre, 1971)”

  1. CRONICA DE UNA SEÑORA NO ES UN FILM.
    ES ARTE PURO.
    DIFICIL ENCONTRAR UNA ACTRIZ QUE HAYA REPRESENTADO SU PROPIA VIDA DE UN MODO TAN EFECTIVO.

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